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Miércoles 22 de Noviembre, 2017
Ciencia & tecnología

Tecnología: ¿Compra o desarrollo interno?

El doctor Eduardo N. Dvorkin es un reconocido científico que exhibe, entre sus últimos logros, el desarrollo de un modelo computacional de satélites –llamado Tupac- que simula incidentes e incita a su solución. También extiende sus pasiones al estudio y comprensión de la relación entre el papel del Estado y el desarrollo (o la involución) de la ciencia y la técnica en nuestra sociedad y como tal es autor de “¿Qué ciencia quiere el país?”, un libro de lectura imprescindible en el que desentraña la interrelación existente entre los estilos tecnológicos y los proyectos nacionales. A continuación reproducimos con la autorización de Ediciones Colihue el capítulo titulado “La micromecánica de la relación ciencia-tecnología-producción”.

ImagenEduardo Dvorkin
Cuando un país logra acoplar el sistema científico y el desarrollo tecnológico, este país puede dar un salto cualitativo en la producción de valor agregado. De lo que se trata es de posibilitar el desarrollo de nuevos productos, el desarrollo de nuevos procesos y servicios o la optimización de productos, procesos o servicios existentes incorporando conocimiento a la producción nacional.

Frente a la necesidad de un salto tecnológico, ya sea en sus procesos o en los productos/ servicios que producen, para permanecer competitivas y para ganar nuevos mercados, a las empresas productivas o de servicios se les plantea la opción “¿compra o desarrollo interno?”, y las respuestas óptimas seguramente son diferentes cuando la involucrada es una gran empresa, una PyME o el Estado.

Las opciones disponibles

En lo que sigue analizaremos las opciones que se le abren a una empresa productiva o de servicios al momento de planear una incorporación de tecnología.

La empresa en cuestión desarrolla un proceso para producir un producto (o un servicio) y la incorporación de una nueva tecnología puede tener distintas motivaciones. Desde el punto de vista del producto se puede estar buscando modernizar sus prestaciones para tornarlo más competitivo, mejorar su calidad, disminuir su costo, etc. Desde el punto de vista del proceso, la empresa puede pretender aumentar la eficiencia, mejorar su repetitividad disminuyendo consecuentemente el scrap (material desperdiciado durante la fabricación), hacerlo más flexible permitiendo alternar la producción de diferentes variantes del producto con mínimos tiempos muertos, aumentar la productividad, permitir el uso de una variedad de insumos, etcétera.

• Compra de equipamiento “llave en mano”. Frente a la situación descripta, la primera alternativa es comprar equipamiento terminado, una opción eficiente en el corto plazo: en primer lugar, disminuye los riesgos inherentes a un desarrollo tecnológico, ya que normalmente se compran diseños y máquinas de tecnología ya probada, en segundo lugar, disminuye el “time to market”, es decir, el tiempo que demoran en reflejarse las innovaciones en la llegada al mercado, pues las etapas de desarrollo, que involucran tiempos normalmente prolongados y difíciles de acotar ya fueron recorridos por el proveedor, y, finalmente, en mercados en los que la oferta supera a la demanda, como ocurre en la actualidad, el ahorro de monetario de esta opción puede ser importante.

Sin embargo, la compra de tecnología “llave en mano” tiene algunas desventajas. Por un lado, no permite la incorporación del conocimiento de las ventanas tecnológicas de los procesos o productos, hecho que bloquea la posibilidad de que se lleve adelante una evolución continua que permita mejorar recurrentemente los productos y eficientizar los procesos, reducir costos, adaptarse a nuevas especificaciones, etcétera. Por otro lado, esta modalidad obliga a una fuerte dependencia hacia el proveedor de la tecnología respecto de las decisiones. Este proveedor puede eventualmente negarse, por razones comerciales o políticas, a introducir mejoras o adaptaciones en los equipos que ha provisto.

• Compra de equipamiento participando en el proceso de ingeniería, de montaje y de puesta en funcionamiento. Otra alternativa de la que dispone la empresa es participar del proceso de ingeniería, montaje y puesta en funcionamiento del equipamiento que va a adquirir. Si bien esta opción es algo más riesgosa y eventualmente más costosa y lenta que la anterior, permite un mayor conocimiento del equipamiento por parte del usuario y por lo tanto le ofrece una mayor posibilidad de realizar cambios y adaptaciones en el futuro.

• Desarrollo de ingeniería básica local, ingeniería de detalle de los equipos por parte del fabricante del equipamiento, montaje y puesta en marcha conjunto. Una tercera alternativa es distribuir el esfuerzo entre la empresa y el proveedor de tecnología, de modo tal que el desarrollo básico sea local, el detalle de los equipos quede a cargo del fabricante, y el montaje y la puesta en marcha se realicen en forma conjunta. Esta modalidad le permite a la empresa usuaria del equipo, es decir, a la empresa productora, alcanzar el conocimiento necesario del proceso que utiliza, incluyendo el conocimiento detallado de sus ventanas tecnológicas. Incrementa los riesgos, costos y tiempos involucrados, pero permite una mayor autonomía productiva posibilitando futuros cambios o adaptaciones. La dependencia respecto de un proveedor determinado es menor que la involucrada en las opciones anteriores. • Desarrollo local. Claramente, la opción que permite la máxima independencia, ya que conlleva la total apertura de los paquetes tecnológicos, es el desarrollo local, o sea, por la propia empresa que requiere de un salto tecnológico. La elección de esta alternativa involucra mayores riesgos, mayores tiempos y posiblemente mayores costos iniciales.

Los diferentes escenarios

Las empresas productivas no son, desde ya, un conjunto homogéneo y sus necesidades y posibilidades son diferentes según el tipo de empresa que se considere.

• Grandes empresas multinacionales con centro de decisión tecnológica en el exterior. En las grandes multinacionales, el desarrollo local no entra definitivamente dentro de su lógica empresarial. En este caso la función reguladora del Estado es fundamental en el sentido de penalizar impositivamente la importación de estudios y tecnología salvo que se demuestre la estricta imposibilidad de encarar un desarrollo local. Como mencionamos en el capítulo anterior, la sobrefacturación en las compras de tecnología y el pago de derechos sobre patentes que la misma corporación registró en el exterior constituyen parte de los mecanismos usados para enviar divisas desde el país al exterior.

• Grandes empresas con centro de decisión tecnológica en el país. Las grandes empresas que deciden localmente su innovación tecnológica pueden establecer independientemente la cadena de investigación y desarrollo científico-tecnológico, o pueden recurrir a proveedores internacionales de primer nivel. Además, pueden impulsar el desarrollo de sus cadenas de valor (proveedores y clientes) Estas empresas tienen la opción de elegir que sus interlocutores académicos sean del Sistema Nacional de Ciencia y Técnica o sean instituciones científico-académicas del exterior. El desarrollo local no entra necesariamente en su lógica empresarial.

Nuevamente la función reguladora del Estado es fundamental en el sentido de penalizar impositivamente la importación de estudios y tecnología salvo que se demuestre la estricta imposibilidad de encarar un desarrollo local.

• PyMES. Los costos y riesgos del desarrollo local normalmente exceden las posibilidades de las empresas pequeñas y medianas. Las Pymes necesitan el apoyo de las grandes empresas que las integran en su cadena de valor y/o del Estado no solo por medio de créditos o aportes de capital, sino fundamentalmente como cliente, es decir, realizando un uso dirigido del poder de compra del Estado. Existe un alto potencial para el desarrollo de empresas PyMES en el que llamamos el estilo tecnológico del desarrollo inclusivo.

El Estado: promotor del desarrollo local.

Como promotor del desarrollo local el Estado puede, además, elegir las opciones de empujar desde la oferta o traccionar desde la demanda. La primera opción (“push”), ha sido la tradicional en nuestro país y si bien logró aumentar la calidad del sistema científico nacional (logro desde ya encomiable), no logró inducir la concatenación de la ciencia con la producción tecnológica. Ya Amílcar Herrera advertía con absoluta claridad en “Ciencia y política en América Latina” los riesgos de un desarrollo científico no direccionado explícitamente a las necesidades de un país: “Existe una tendencia bastante generalizada a suponer que se puede lograr un desarrollo científico acorde con las necesidades nacionales, simplemente impulsando la actividad científica en los mismos campos, en las mismas direcciones y con intensidades relativamente similares a las que se aplican en los países industrializados. Esta concepción olvida que gran parte de la estructura del desarrollo actual de la ciencia está determinada por las direcciones impuestas a la investigación científica por las necesidades de los países más adelantados, y no por una especie de “ley natural” que determina inexorablemente la modalidad del crecimiento científico. Tratar de imitar ciegamente esos modelos de desarrollo significa convertirse en subsidiarias de sistemas concebidos para otras necesidades y recursos”. La evidencia experimental indica que la alternativa de incentivar el sistema de ciencia y técnica desde la oferta no produce los resultados esperados.

En el “push” el procedimiento podría presentarse de la siguiente manera: “tenemos una solución científica y buscamos un problema tecnológico en el cual aplicarla”. En cambio, en la alternativa opuesta, el “pull”, que se grafica en la figura que reproducimos a continuación, el planteo es “tenemos un problema tecnológico, busquémosle una solución científica”. Obviamente, es este segundo enfoque el que permite la concatenación entre conocimiento científico y desarrollo tecnológico y la consecuente producción de valor agregado.

“Una política científica efectiva no es la generadora de un esfuerzo consciente y profundo de desarrollo, sino una de sus consecuencias”, concluye Amílcar Herrera en el trabajo citado. La demanda tecnológica del sector estatal se expresa a través de dos caminos principales: por un lado, el uso del poder de compra del Estado condicionado a la ejecución de reales desarrollos locales; ejemplos en este sentido fueron el entramado de empresas estatales (ARSAT, VENG e INVAP), PyMES y miembros del Sistema Nacional de Ciencia y Técnica que participaron en el desarrollo de satélites argentinos. Por otro lado, el establecimiento de consorcios público-privadas para el logro de objetivos específicos. Un ejemplo de esto último es el programa FONARSEC de la Agencia Nacional de Promoción de la Ciencia y la Tecnología; este programa preveía asociaciones entre empresas estatales, empresas privadas (en general PyMES) y miembros del Sistema Nacional de Ciencia y tecnología para desarrollar plataformas tecnológicas.


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