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Sectores económicos

Tiempo de repensar la biotecnología

No son pocos los lectores de Informe Industrial que descubrieron la relación de la biología de base con la actividad productiva por un par de notas publicadas en 1983.Uno de sus autores era el doctor Alberto Díaz que, con posterioridad, abordó en otras colaboraciones los progresos de la biotecnología a nivel internacional y nacional. Desde la empresa privada y el sector público, y hoy como profesor de la Maestría de Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Buenos Aires y asesor en la Secretaría de Innovación y Transferencia de Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes, “batalló”, y lo sigue haciendo, por la difusión y la incorporación de las “bio algo” en la producción industrial, así como por el reconocimiento de su papel social. En esta nota, nos invitar a repensar la biotecnología en la Argentina.

ImagenAlberto Díaz
La Biología, las ciencias de la vida en general, está atravesando todas las industrias. Por ejemplo, las industrias que tradicionalmente han usado y utilizan la química para sus producciones, como las farmacéuticas, las energéticas, química fina, agricultura, materiales, etcétera, están estratégica y económicamente utilizando los procesos de fabricación biológica (biomanufacturing). Las aplicaciones del conocimiento biológico son cada vez más de naturaleza estratégica e interdisciplinaria (ciencias de la computación, física, ingeniería), y se encuentra en acelerada expansión desde los fines de la década de los ’70 del siglo pasado. Esta nueva tecnología, comúnmente conocida como biotecnología, está marcando un punto de inflexión para un cambio en modelo productivo y en los servicios, pero además por su carácter de ciencias de la vida, influye en una mirada industrialista pero con mayor responsabilidad sobre los bienes comunes, como ser salud, ambiente, climas, alimentos.

Hasta hace unos años se obtenían los productos de la naturaleza (medicamentos, enzimas, entre otros) se la tomaba como modelo, pero con el avance de los conocimientos en genómica, secuenciaciones de macromoléculas ( con la notable disminución de precios de equipos y servicios), biología sintética, edición genética (CRISP CASP ,que está marcando un nuevo punto de inflexión en la biotecnología: nuevos productos; problemas éticos etcétera), se ha logrado una gran flexibilidad genética de los organismos vivos que pueden ser explotados en el laboratorio para aplicaciones industriales. En los próximos años los sistemas biológicos serán más predecibles para los científicos y, posteriormente, manejables por los ingenieros.

Industrialización de la biología

Hace unos dos años atrás la National Academy Presse publicó el estudio “Industrialization Biology”: “una hoja de ruta” para acelerar la fabricación de sustancias químicas de avanzada. Allí se remarca el impacto e importancia de los procesos biológicos para toda la industria, destacando que “el más grande mercado de la bioeconomía presenta oportunidades desde el acelerado avance de la manufactura de productos químicos mediante la industrialización de la biología que todavía debe ser realizada”.

Para esto se debe tener experiencia en biología sintética, ingeniería metabólica, biología molecular, microbiología, sistemas biológicos, ingeniería química, síntesis química, bioinformática, biomanufacturing, leyes y bioética … Como se enunció en el Plan Nacional de Bioeconomía (National Bioeconomy Blueprint) creado por el ex presidente Obama en 2012, “ la actividad económica que está siendo alimentada por la investigación y la innovación en las ciencias biológicas, la bioeconomía es un segmento grande y creciendo rápidamente de la economía global que provee un beneficio público sustancial”. Agregando, que “la bioeconomía está a nuestro alrededor” Los productos “bio-basados”, o sea de origen en materiales y procesos biológicos, representaban más del 2,2 % del PBI de los Estados Unidos o algo más de 35 billones de dólares en actividad económica en 2012. Si bien el fuerte de la biotecnología está en salud y en la agricultura, la actual producción global de químicos “bio-based” y polímeros es estimado en aproximadamente unos 50 millones de toneladas por año.

Se estima que el mercado europeo de la bioeconomía actualmente es de algo más de 2 trillones de euros, empleando aproximadamente a 21.5 millones de personas en la producción de alimentos, agricultura, papel, etcétera y productos “bio-based”: químicos y plásticos, enzimas, bioenergía” (European BioEconomy in 2030). Sobre nuestro país, el siempre necesario Aldo Ferrer escribía: “La bioeconomía de base agraria, incluyendo el aprovechamiento de la biomasa, es uno de los pilares de la economía nacional” ( “El empresario argentino” ,2014, pág. 30.) La bioeconomía no es el objetivo de este artículo, solo lo mencionamos brevemente por la importancia que tiene y por su íntima relación con el hecho contar con recursos humanos, multi e interdisciplinarios, para encarar nuevos conocimientos y desarrollos, especialmente en las ingenierías.

Este es el marco que nos permite ir “repensando” la biotecnología en la Argentina con la mirada desde la producción industrial y las necesidades de crecimiento social y económico del país.

Habrá que adaptar e integrar a nuestras realidades estos conceptos, combinando altas tecnologías y avances científicos propios, con nuestras empresas y sociedad y teniendo en cuenta a las “médium” y “low technologies”. La Argentina no completó su ciclo de industrialización, existen industrias no maduras en general que no cuentan con desarrollo tecnológico propio. Mismo en biotecnología, tenemos empresas que desarrollan y fabrican en el país pero todavía con débil desarrollo tecnológico propio, original, con incorporación de los conocimientos generados en el sistema de Ciencia y Tecnología (CyT).

Al mirar al Conocimiento como recurso productivo se verá que una cosa es producirlo y otra invertirlo para obtener recurso económico. Lo que lleva a que tener un sistema de CyT es una cosa y conectarlo inteligente y eficazmente al aparato productivo, es otra. “La ciencia es obviamente, condición necesaria, pero ni con mucho condición suficiente” decía Jorge Sábato hace unos 40 años. “En el país ¿qué debería hacerse para aprovechar la capacidad científica y tecnológica de los investigadores?” le preguntaron y respondió: “Depende del significado de aprovechar. Si se trata de aprovecharla para impulsar el progreso de la ciencia, entonces lo esencial es promover el trabajo de los científicos que son los que hacen ciencia. Si se trata en cambio de aprovecharla en la producción de tecnología, entonces lo anterior no basta. Es esencial que al menos haya una política económica que incluya entre sus objetivos específicos el de lograr una capacidad autónoma de producción y distribución de tecnología en el circuito económico” (en,” Ensayos con Humor,” 1983, pág. 135, de una entrevista realizada en 1974).

En relación con la EBC y la bioeconomía en la Argentina y en general en países de la región hay que tener una mirada amplia sobre las aplicaciones y potencialidades de la industrialización de la biología o de manera general, orientar los “conocimientos básicos” a la economía y la sociedad pero no sólo a los sectores de “punta”. Un ejemplo exitoso de economía del conocimiento y bioeconomía en un país en desarrollo, lo encontramos en el caso de biotecnología en salud en Cuba.

Hay una gran necesidad de las PyMES de acceder al conocimiento. Para tener una cierta dimensión de esto menciono algunos datos del trabajo de los doctores Pardo y Jolivet- titulado “La inconcebible´low tech` bio tech: un nuevo objetivo para la elaboración de políticas?”-,que señalan que en 2003 el número de las bioindustrias en Francia se dividían en:1) Grandes firmas que constituían el 9% del universo estudiado; 2) Las firmas de alta tecnología, que justifican un 46 %, y, 3) el resto de las PyMES, un 45%., que podrían ser “biotech “orientadas. Pero las grandes firmas, ocupaban el 9% de los empleados del sector; las “high tech”, un 3% y finalmente las PYMES, el 88% ¡!!! . Las actualizaciones tecnológicas de estas últimas empresas son una fuerte necesidad, ya que forman parte importante de la sociedad del conocimiento y la transferencia de tecnología del sector académico a ellas debe ser priorizado, creando herramientas para mejorar su competitividad.

Argentina: algunos comentarios y sugerencias.

“El desarrollo de un país depende de los objetivos y de los planes que elabore. … Entra dentro de lo que llamamos desarrollo nacional. …agrupamos a la investigación científica con la creación artística, literaria y humorística. A todas ellas las consideramos esenciales para el bienestar de la población” ((Mallman, Katz y Becka, Editorial Ciencia Nueva, 1972).

Han pasado más de cuatro décadas de la cita anterior, pero sigue vigente ante el avance de querer imponer a las “tecnologías disruptivas” como modelo a seguir. En sentido parecido reflexionó Gustavo Grobocopatel en un seminario de INTAL, hace unos meses atrás, cuando se presentaba a estas tecnología como el camino a seguir: tener en cuenta que la tecnología debe ser utilizada para hacer mejor y más felices a las sociedades (el tema eran los 10 TOP tecnologías seleccionadas por el MIT para 2016).

Con esta “micro” introducción quiero dar la mirada amplia que hay que tener en el desarrollo tecnológico – industrial, especialmente en las ciencias de la vida, que se integra a todo lo anterior de esta nota. De manera que respecto de nuestro país mencionaré muy brevemente algunas características del estado actual y, se supone, futuro del sector, en base a los estudios y documentos publicados en los últimos años y a cuyos originales remitiré a los lectores.

Roberto Bisang coordinó el estudio “Las empresas de biotecnología en Argentina 2016”, publicado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT), que estableció que el conjunto de 201 firmas relevadas se distribuye desigualmente entre diversas actividades usuarias. Un quinto del total se dedica a la Salud Humana, a la que le sigue la Reproducción Animal con un 17% del total de empresas relevadas. Las actividades vinculadas a la agroindustria concentran un significativo número de firmas: la producción de inoculantes el 13%; semillas el 9%; salud animal el 8% y micro-propagación vegetal el 6%. Los centros dedicados a la Reproducción Humana Asistida concentran el 11% de las firmas relevadas. Asimismo, aquellas productoras de insumos industriales (por ejemplo, las enzimas y los aditivos para la industria alimenticia, entre otros) participan en el desarrollo de la biotecnología en el país con el 10%. En tanto, las ventas totales de las empresas argentinas de biotecnología alcanzaron en 2014 los 121 mil millones de pesos (cerca de 15 mil millones de dólares). Entre ellas, se encuentran aquellas que realizan sólo actividades biotecnológicas y las que cuentan, en sus carteras, con otros productos y/o servicios que pueden no ser de origen biotecnológico.

Finalmente, extraemos una frase del importante y extenso estudio “Biotecnología Argentina al 2030”( noviembre 2016), elaborado por UBATEC y la Cámara Argentina de Biotecnología por encargo del MINCyT, que se refiere a las dificultades que tenemos en el país para tener muy en cuenta y elaborar políticas que permitan superarlas: “Las debilidades mencionadas llevan a pensar en la necesidad de contar con una política de Estado, que se concrete en un programa integral y abarcativo de políticas de promoción de la I+D+i para empresas, que contemple todas las etapas desde la investigación hasta la comercialización de las innovaciones. Ello implicaría una mayor coordinación entre las acciones de los ministerios nacionales de Ciencia, Agroindustria, Salud y Producción. Con este enfoque surge la necesidad de contar con una unidad específica que coordine la promoción de la biotecnología, que integre la oferta actual del MINCyT y otras agencias, y que contemple la inducción y el seguimiento a las empresas (“coaching”).” Dentro de las fortalezas con que contamos en las “bio algo” sobresalen los recursos humanos, en especial en biomedicina y agrobiología; sin embargo debemos fortalecer la formación de Ingenieros Biológicos que interaccionen con los “moleculares” para fortalecer la mirada industrial productiva. El Bureau of Labor Statistics estadounidense considera que la demanda de profesionales en el área de las biológicas crecerá un 19 % entre 2012 y 2022, superando en mucho el promedio general.

No todo es BioIndustria y economía, la biotecnología en especial tiene un papel social demasiado importante. En nuestro país hay dos ejemplos de generación propia de conocimientos y tecnología que son de “libre uso” y por los que somos reconocidos en todo el mundo: la idea original y necesidad de las Abuelas de Plaza de Mayo para determinar el índice de “abuelidad” y resolver un gravísimo problema. Este caso ha propuesto un nuevo modelo de trabajo entre científicos y la sociedad: Generación de tecnología por demanda social. El segundo es el notable Equipo Argentino de Tecnología Forense, otro ejemplo de internacionalización de conocimientos y tecnología.

En este sentido cierro esta nota con el final de un texto “antiguo”: “Algunos esperan que las ciencias de la vida proporcionen un remedio a todos los males. Otros les reprochan pretensiones imperialistas o proyectos mons¬truosos. La biología no merece ni esos honores en exceso ni estas indignidades. Contrariamente a lo que a veces se nos quiere hacer creer, no es a partir de la biología que nos podemos formar una idea del hombre. Es, al contra¬rio, a partir de una idea del hombre que podemos utilizar la biología para ponerla a su servicio. Ella sola no puede hacer nada. Sola no resolverá ninguno de los problemas de nuestra sociedad. Si puede desempeñar un papel, si puede contribuir a alcanzar soluciones, es en función de una vo¬luntad política y de un consenso social.” (“Science de la vie et societé”, Gros/Jacob/Royer, 1979).

Escribe Alberto Díaz


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