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Comercio exterior

Un imperativo: El desarrollo sostenible

La experimentada opinión del doctor Enrique S. Mantilla, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), fue requerida por Informe Industrial en el marco de la encuesta que realizó para que varios sectores formularan sus propuestas para las agendas del próximo gobierno.

ImagenEnrique S. Mantilla
Para la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA) un valor central es el Desarrollo Sostenible. Lo conceptualizamos operativamente como mantener el stock de riqueza de la sociedad definido de manera amplia y acrecentarlo. La sostenibilidad se garantiza si la sociedad conserva su capital reproducible, humano y natural y lo mejora.

Hay que recordar que el modelo de crecimiento con superávit comercial y fiscal impulsando el consumo y promoviendo empleos productivos fue abandonado. Hoy la economía crece lentamente, la restricción externa determina el ciclo económico y un tercio de la población tiene bajos ingresos.

Cuando se analizan los obstáculos al crecimiento y sus vínculos con el desarrollo sostenible se puede identificar que: Las reglas de juego no favorecen un coeficiente de inversión adecuado ya que es menor al 20% sobre el PIB en vez del 28% como se anunció en el Plan Estratégico Industrial 2020; hay fallas institucionales que generan un déficit en la provisión de bienes públicos por parte del Estado, y el bajo crecimiento acentúa los conflictos distributivos e incentiva decisiones de corto plazo para zafar en la coyuntura.

Sin embargo, la única fuerza que permite crecer sostenidamente es el incremento de la productividad determinado por el aumento del capital físico y humano por trabajador y el progreso técnico.

Dado el bajo resultado en términos de mejora de la productividad de los últimos años es necesario reanalizar los vínculos entre la restricción externa, conflicto distributivo y crecimiento.

Es un hecho que hay una insuficiencia en términos de la falta de generación de dólares. Si nos concentramos en los efectos negativos que tiene sobre la productividad la restricción de la oferta de dólares se puede identificar:
  • Limita la capacidad de invertir y el avance tecnológico ya que parte de los bienes de capital que incorporan progreso técnico deben ser importados.
  • Resiente la posibilidad de atraer inversión extranjera directa portadora de innovaciones productivas.
  • Se entra en un ciclo stop-and-go que se convierte en un rasgo estructural de la economía.
  • La restricción externa genera volatilidad e incertidumbre que afecta la inversión.
  • La volatilidad aumenta los costos de transacción, limita la calidad de la inversión y dualiza la estructura productiva.

Es evidente que ganar competitividad es central para que la restricción externa no sea un obstáculo para el desarrollo sostenible.

¿Cuál es la competitividad que se debe lograr? La que sea necesaria para que las exportaciones suban al nivel adecuado para financiar el desarrollo sostenible y que en un mundo organizado a través de cadenas de valor global permita una adecuada gestión de las importaciones. Y la competitividad requiere un aumento de la productividad de la economía y tener adecuados costos internos medidos en dólares.

Por eso el papel de las instituciones es central pues al acotar la incertidumbre generan confianza.

Dado que la inversión privada y los bienes públicos son complementarios, la calidad institucional es la base de una articulación público-privada positiva.

Para dar un ejemplo, no hay experiencia mundial de industrialización tardía exitosa en la cual el Estado puso derechos de exportación a las manufacturas industriales y que incumpla sistemáticamente con el pago en tiempo y forma de los estímulos a la exportación y acepte una inflación de dos dígitos altos.

Por eso la falta de confianza refuerza el problema de la restricción externa.

La fuerte caída de las exportaciones desde el 2011, el déficit de la cuenta de energía y turismo, el prácticamente nulo superávit comercial de este año (con cepo incluido), las restricciones en el pago de importaciones y dividendos, los sistemas de permisos de exportación son señales claras de que se ha producido un desvío de una política de desarrollo sostenible a lo que hay que agregar el déficit fiscal, la inflación y las brechas en infraestructura y energía.

La fuerte presión impositiva sobre el sector exportador completa este cuadro.

Es obvio que se necesitan otras políticas para construir consensos para promover inversiones, innovar y superar la restricción externa generando empleos productivos.

Dado que las instituciones son las encargadas de generar confianza y la construcción de instituciones depende de la política es conveniente reconocer que si bien la política manda sobre la economía no se puede hacer política de alta calidad económica y social ignorando las restricciones que impone la economía.

La política debe advertir que actualmente enfrenta restricciones severas y que es necesario construir confianza para adoptar políticas pro-competitividad. Cerrar brechas de inversión en infraestructura y energía, y promover el desarrollo de economías de escala y aglomeración.

Y como todas estas tareas requieren movilizar importantes recursos financieros hay que normalizar las relaciones externas y poner énfasis en el desarrollo del mercado de capitales y financiero.

Un Estado que no es eficaz en su tarea de proveer bienes públicos es un Estado que funciona de manera incompatible con el desarrollo sostenible.

En este cuadro de situación la exportación juega un rol clave no solo para superar la restricción externa sino para aumentar la productividad de la economía. Por eso la CERA desde hace años promueve la adopción de una Estrategia Nacional Exportadora denominada Argentina Innovativa.

Esperemos que las nuevas autoridades comprendan las oportunidades que abre el nuevo ciclo para implementar una política de desarrollo sostenible.


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