Ir a la página principal
Ciencia & tecnología

Un lugar en el mundo

En general, los estudios que los organismos internacionales realizan sobre las posibilidades de inserción de los llamados países emergentes en el mapa del conocimiento insisten en estructurarse sobre la perspectiva estática de que “esto se hace allí, aquello allá y, entonces, a ustedes les quedan estos nichos”. Hoy esa visión estrecha comienza a derrumbarse gracias, en parte, al surgimiento de varios estados muchos de ellos asiáticos, que compiten como jugadores importantes con los países centrales.

ImagenLa Argentina por el apoyo a la innovación y el desarrollo de sectores productivos estratégicos.
En el capítulo sobre “Institucionalidad para la innovación y el desarrollo productivo” del estudio “Perspectivas Económicas de América Latina 2012 - Transformación del Estado para el Desarrollo-“ realizado por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (OCDE-CEPAL), el acento se pone en la necesidad que tiene nuestra América de favorecer “una institucionalidad más fuerte y modelos de políticas públicas capaces de movilizar a los diversos actores de los sistemas nacionales de innovación y de actividad productiva”.

Si algún señalamiento puede hacerse a las conclusiones del trabajo, es que las disparidades entre los sistemas científico-tecnológicos de nuestros países son lo suficientemente importantes como para que sea engañoso contenerlos bajo un paraguas regional.

Es cierto que el conjunto de países que integran el sur de América necesita fortalecer los sistemas nacionales de innovación y que, en muchos de ellos, éstas técnicas se encuentran en una fase inaugural de desarrollo caracterizada por la existencia de algunas islas de excelencia tecnológica en contextos de muy baja productividad y escaso desarrollo empresarial. Pero apenas se abandona el punto de vista que otorga un vuelo a gran altura sobre los sistemas de ciencia y tecnología nacionales y se pone el foco en las diferencias -que también se alimentan en tradiciones de importancia dispar- surge un panorama que está lejos de ser comprendido por una visión generalizadora.

Esa es la razón por la que, más adelante, el estudio desagrega varios grupos de países y distingue avances en materia científico-tecnológica hechos a velocidad y con intensidad diferentes.

Argentina-Chile y Uruguay merecen reconocimiento por el fortalecimiento de la institucionalidad para la innovación; Brasil-Chile-Colombia y México por la creación y la consolidación de nuevos modelos de financiamiento; Argentina-Brasil-Chile-México-Panamá y Uruguay por una mayor sincronización entre apoyo a la innovación y el desarrollo de sectores productivos estratégicos; Argentina-Brasil y Colombia por una creciente atención al impacto territorial de las estrategias de innovación y Argentina y Brasil por una mejora en la capacidad institucional para medir y evaluar la dinámica de la innovación y el impacto de las políticas públicas.

Recetas para facilitar la innovación

La dupla OCDE-CEPAL resumen en siete puntos los desafíos a los que se deberá enfrentar todo país que decida evolucionar en materia de investigación y desarrollo.

• Tratar de acortar la brecha de productividad atrayendo mayores inversiones. En los últimos años, el sector manufacturero de América Latina amplió su diferencia versus, por ejemplo, el de los Estados Unidos que exhibe una tasa de crecimiento en productividad ganada sobre la incorporación de tecnologías de la información y la comunicación.

• Como la capacidad de un país de cerrar la brecha en productividad depende de la especialización y del patrón de inserción en los mercados mundiales, América Latina está en un problema. Aunque el estudio no lo señale en forma explícita, es claro al afirmar que en la región los sectores intensivos en recursos naturales siguen representando el 60% del valor agregado manufacturero total, mientras que en los Estados Unidos los sectores intensivos en conocimiento llegan a representar el 60% de ese valor agregado total y logra transformar la composición sectorial de la industria.

• Los bienes primarios y sus manufacturas representan más del 50% de las exportaciones de la región, de manera que es prioritaria su diversificación. En nuestra América, según el estudio, se diferencian tres conjuntos de países: los del Cono Sur, concentrados en bienes primarios y manufacturas basadas en recursos naturales; los de América Central especializados en la exportación de manufacturas de mediana y baja tecnología y un grupo conformado por Costa Rica, Brasil y México que presenta el mayor grado de diversificación en exportaciones que incluyen manufacturas de mediana y alta tecnología.

• La oferta y demanda de recursos humanos calificados está desfasada y es imperativo incrementar tanto su calidad y cantidad como la creación de incentivos para su absorción laboral. Argentina y Uruguay, que tienen un alto nivel de formación de profesionales, necesitan avanzar en la coordinación entre políticas educativas y de desarrollo productivo para mejorar la competitividad de sus perfiles productivos. Y mientras Brasil apunta a fortalecer la intensidad tecnológica de su matriz productiva, los países más pequeños evidencian un proceso intensivo de “fuga de cerebros”.

• La inversión en I+D sigue siendo pobre. Al mismo tiempo que en las naciones de la OCDE los guarismos varían entre el 2,2 y el 2,3 por ciento de su producto bruto, nuestra región en su conjunto oscila entre el 0,5 y 0,6 por ciento con diferencias muy marcadas entre los diferentes países que la integran. En América Central ese indicador gira en torno al 0,1%, pero Brasil destina a la investigación el 1,2% de su PBI.

• El sector privado invierte poco en Innovación y en investigación y desarrollo. Al contrario de lo que ocurre en los países desarrollados, en las economías latinoamericanas el sector productivo tiene escasa presencia en los sectores de innovación productiva y, en consecuencia, fuerza la necesidad de avanzar en el diseño de incentivos y políticas públicas que estimulen la inversión privada.

Las encuestas de innovación reflejan que las empresas en América Latina tienen un bajo nivel de cooperación con los institutos de investigación científica y tecnológica. En México sólo el 4,5% de las firmas innovadoras colabora con esas instituciones y en Argentina y Uruguay, países en los que existe un acercamiento mayor entre empresas y centros de investigación, el porcentaje no supera el 12%.

El estudio de OCDE-CEPAL considera que éstas relaciones (o ésta desvinculación) encuentra su justificativo en que la mayoría de las empresas están posicionadas en sectores de baja intensidad de conocimiento, hecho que es cierto sólo en parte. Pero al no avanzar sobre el perfil manufacturero de cada país, el trabajo de investigación realizado desconoce, por ejemplo, el papel que cumplen las multinacionales en la estructura productiva regional y las políticas de innovación y desarrollo que, en general, patrocinan esas grandes empresas.

El perfil innovador de las empresas de la región es heterogéneo, registran más adelante los redactores del trabajo, al tiempo que especifican que la incidencia del tamaño de las firmas es muy alta. Acto seguido y como es obvio, se apuntan las dificultades que afrontan las PyMES para dinamizar procesos innovadores, aceptadas las trabas que deben vencer para acceder a los mercados de créditos, la menor posibilidad de diversificar riesgos, sus problemas de escala y las barreras a las exportaciones. Como corolario a este cuadro de situación se apela a la existencia de políticas públicas para intentar disolver o reducir las restricciones a la operatoria de las empresas de menor porte relativo. Un ejemplo a tener en cuenta, por los buenos resultados obtenidos en el transcurso de su implementación, es la Tarjeta BNDES introducida en 2003 en Brasil para facilitar la inversión en proyectos de mejora de la competitividad llevados adelante por micro y pequeñas empresas.

• El patentamiento en la región es escaso pero creciente, aunque se aclara que los no residentes patentan más que los residentes. Si bien los países latinoamericanos incrementaron el número de patentes en las oficinas de patentamientos internacionales, el trabajo destaca que, están lejos de alcanzar el ritmo de los países asiáticos. Mientras en 1995 los países de América Latina y el Caribe registraban 196 patentes en la Oficina de Marcas y Patentes de los Estados Unidos –USPTO-, los países asiáticos – sin Japón- registraban 3.545. En 2009 la región asiática inscribe 20.036 patentes, en tanto América Latina y el Caribe sólo 290.

Si de patentes se trata debe tenerse en cuenta que los líderes son los Estados Unidos, Alemania y Japón, mientras que los países nórdicos, China, India y Corea son los que lograron mayores incrementos en el nivel de patentamiento La Unión Europea hace punta en energías limpias, seguida por los Estados Unidos y Japón mientras que China logró, en ese ranking, un octavo puesto.

Ahora bien ¿que ocurre en América Latina?. Pensamos que, tanto por el bajo grado de patentamiento como por el hecho de que buena parte de estas patentes refieren a no residentes, es probable que el propio sistema científico-tecnológico de nuestros países impida o frene el patentamiento.

En nuestro país, por ejemplo, recién se han dado los primeros pasos para crear la carrera de Tecnología. Pero nada se ha hecho para equiparar “papers” y patentes cuando se aborda el tema de reformar el sistema de evaluación para promover a los investigadores. ¿Cuanto vale una publicación en una revista de jerarquía y cuánto un patentamiento? Este no es un argumento intrascendente a la hora de estimar porqué en América Latina se patenta comparativamente menos que en otras regiones emergentes.

El acceso a las TIC y la modernización del Estado

El uso de las tecnologías de la información y la comunicación son consideradas la base para construir una sociedad del conocimiento y han sido centrales en las estrategias seguidas por varios países para modernizar sus Estados tanto desde el punto de vista de la gestión del sector público como de la provisión de servicios. El estudio subraya que, en las últimas décadas, la incorporación del concepto de “sistema nacional de innovación” implicó un gran avance en la comprensión del proceso innovador en la medida que lo concibe como un fenómeno complejo que necesita de la interacción de actores tales como empresas, universidades, centros de investigación e instituciones públicas. A su vez, el sistema requiere de un modelo de políticas que incentiven la colaboración y la alianza público-privada tanto a nivel de estrategias como de financiación.

Las políticas de innovación necesitan avanzar hacia modelos que impulsen la generación de capacidades en sectores de frontera y fomenten la modernización del aparato productivo y la adopción de innovaciones marginales útiles para mejorar la competitividad de las empresas.

En los países de la región existe una gran heterogeneidad institucional respecto del posicionamiento de la innovación en la estructura de poder de los gobiernos y sólo 5 países poseen un ministerio de ciencia y tecnología: Argentina, Brasil, Costa Rica, Cuba y la República Bolivariana de Venezuela. En los demás existen modelos del tipo “consejo nacional” que dependen directamente de la presidencia de la República –como es el caso de Chile y Nicaragua- o de ministerios de industria o educación que es lo que ocurre en México o Perú.

El sistema de mayor densidad institucional es el de Brasil, donde al Ministerio de Ciencia y Tecnología se suman –con un papel determinante y una alta coordinación a nivel de definir estrategias y coordinarlas- el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social –BNDES-, la Financiadora de Estudios y Proyectos –FINEP- y el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico –CNPq- que financian, respectivamente, programas de innovación en las empresas y de I+D. El modelo de brasileño también incluye una estructura de gobierno extremadamente articulada y muy heterogénea, en el que cada estado tiene sus propias instituciones de apoyo a la innovación.

En el resto de los países que integran la América del Sur hay debilidades que afectan el diseño del instrumental político: 1) escasa capacidad de planificación y tendencia a asignar recursos según evaluaciones de corto plazo; 2) baja capacidad de seguimiento y evaluación de los programas implementados; 3) insuficientes mecanismos de retroalimentación entre el diseño y la implementación y 4) excesivo foco en los inputs e insuficiente atención a la definición de los resultados esperados.

También es notoria la falta de sincronización de una estrategia de desarrollo productivo y empresarial con las políticas de innovación. Este desacople, es probable, obedece a que pocos países han definido con claridad cuál será su perfil productivo y cuáles son, en consecuencia, sus objetivos prioritarios.

La demanda creciente por lograr se formulen estrategias de innovación conlleva la necesidad de crear nuevos espacios para la coordinación vertical y horizontal. En realidad, la innovación constituye cada vez más una preocupación transversal que ocupa un lugar de importancia en las agendas productivas agrícola y manufacturera y en las de salud, energía, medio ambiente y educación.

El papel que juegan las universidades en la transmisión de conocimiento hacia la economía real es de capital importancia para la mayor parte de las economías avanzadas. La OCDE afirma que 40 de las 50 universidades más importantes en el área de ciencia y técnica se encuentran en los Estados Unidos y que las restantes 10 están en Europa. Pero existen evidencias, dicen nuevos estudios, que en Asia comienzan a reconocerse universidades de excelencia académica ligadas a la investigación. La Universidad de Hong Kong, pongamos por caso, está entre las mejores instituciones del mundo en ciencias de la computación, ingeniería y química.

Hoy la innovación ocupa un papel central en las agendas públicas de desarrollo de casi todos los países de nuestra región aunque, todavía, esta posición medular es más frecuente en los debates y declaraciones que a nivel de los presupuestos que se asignan.

Apuntemos que, en el mundo, los Estados Unidos lideran las inversiones en investigación y desarrollo con alrededor de 400.000 millones de dólares anuales; la Unión Europea en 2009 estaba cerca de los 300.000 millones y China y Japón se esfuerzan en acercarse a cifras que, vistas desde aquí, producen escalofríos.

Otro estudio reciente de la OCDE afirma que, entre los emergentes, el único país sudamericano que tiene buenas perspectivas de ocupar un lugar destacado en el mapa mundial de la innovación es Brasil. Los otros son extraregionales: China, India y la Federación Rusa.

De todos modos, en varios otros países de la región, por ejemplo el nuestro, es posible afirmar que en el área de ciencia y técnica nunca o pocas veces se estuvo mejor (aunque también es cierto que de allí a estar bien hay un largo y espinoso camino).

Irene Naselli


Ir al principio de la nota