Ir a la página principal
Temas en debate

Un marco para profundizar la integración nacional e impulsar las inversiones

En esta nota, el Secretario de Industria y Servicios y el Subsecretario de Industria del Ministro de Producción, Martín Etchegoyen y Fernando Grasso, respectivamente, analizan los alcances de la Ley de Desarrollo y Fortalecimiento del Autopartismo Argentino y la nueva prórroga del Acuerdo sobre Política Automotriz Común vigente con Brasil, instrumentos que “constituyen una acción coordinada por parte del Estado para abordar una cadena de valor de suma importancia para la estructura productiva”.

ImagenesMartin EtchegoyenFernando Grasso
La reciente sanción de la Ley de Desarrollo y Fortalecimiento del Autopartismo Argentino constituye un importante vector de transformación para la cadena de valor automotriz, que impacta en forma determinante sobre diversos rubros de la economía. Explica alrededor del 10% del valor agregado industrial y el 6,4% del empleo registrado en el sector manufacturero, e integra múltiples eslabonamientos productivos «hacia atrás» (autopartistas de diversos rubros, siderurgia, fundiciones, forjadores, plásticos, químicos) y «hacia delante» (concesionarias, servicios de alto valor agregado). Además, tiene un alto impacto en los agregados económicos de comercio exterior, valor agregado y recaudación, y es epicentro de innovaciones tecnológicas, que se difunden a lo largo de diversos sectores productivos La Ley busca potenciar estos impactos atendiendo determinados aspectos estructurales de mayor debilidad. Entre ellos, se destaca la necesidad de profundizar la integración local de los vehículos producidos en el país, lo cual requiere fortalecer el entramado de empresas autopartistas y los procesos productivos involucrados. Esta realidad se manifiesta en los grandes desequilibrios comerciales que se han dado en el sector en los últimos años, incluso en el marco de una producción creciente de vehículos y de expansión de las exportaciones a nuestro principal socio comercial.

Por otro lado, se observan fuertes asimetrías estructurales y de incentivos en países de la región y otras plataformas productivas que compiten con la Argentina, que han impactado fuertemente sobre la localización de proyectos de inversión en el país. Esto ha generado diferencias en las bases competitivas que requieren ser niveladas, ya que sus efectos han trascendido aún hoy, especialmente en la región, mediante la implementación del Programa Innovar-Auto en Brasil a parir de 2009. En este sentido, la Ley representa asimismo un marco favorable al desarrollo de inversiones, que permitan delinear una perspectiva de crecimiento para toda la industria en la próxima década. Sin nuevos proyectos en el país, la posibilidad de contar con una cadena valor más integrada se reduce, por lo cual también será relevante impulsar la realización de inversiones también en el rubro autopartista. En este contexto, la reciente firma del 42° Protocolo del Acuerdo Automotriz, que rige las relaciones comerciales bilaterales con Brasil en esta industria, se erige como una pieza clave para este objetivo. En términos generales, dicho acuerdo establece un cociente global máximo de importaciones sobre exportaciones de 1,5 para el conjunto de bienes involucrado hasta junio de 2020, lo cual permitirá que la fuerte reducción del mercado automotor brasileño no se traduzca en una profundización del desequilibrio comercial, en desmedro de la cadena de valor en la Argentina. Asimismo, representa una señal muy importante para el sector privado regional, ya que se establece una regla de juego clara y previsible para los próximos años, dado que las últimas prórrogas sólo tenían doce meses de vigencia.

Por otro lado, se ha consensuado un programa de trabajo que incorpora buena parte de las sensibilidades y desafíos que plantea avanzar en una profundización del comercio y la integración productiva con Brasil. Desarrollar con éxito esta hoja de ruta es determinante en vistas de los objetivos planteados de equilibrio en los flujos de inversiones, comercio y desarrollo integral de la cadena de valor en ambas economías, lo cual debe tener como denominador común la mejora de la competitividad internacional.

En síntesis, tanto la sanción de la Ley como el Acuerdo con Brasil, así como las políticas de financiamiento a la compra de vehículos que se han implementado para sostener el mercado interno, entre otras, constituyen una acción coordinada por parte del Estado para abordar una cadena de valor de suma importancia para la estructura productiva, que en los últimos años ha representado alrededor de un tercio del déficit comercial de la Argentina en productos industriales. Avanzar en la agenda estratégica que implica la transformación productiva del país tiene aquí uno de sus capítulos fundamentales, donde buscaremos aportar en forma relevante a la competitividad sistémica, a la generación de empleo de calidad y de valor agregado en los eslabones más complejos.


Ir al principio de la nota