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Energía

Vaca Muerta: Las joyas que enterró la abuela

El anuncio del “descubrimiento” del mega yacimiento situado básicamente entre Neuquén y Mendoza se hizo en el pasado noviembre. Al principio se dijo que las reservas probadas serían de 927 millones de barriles, luego la estimación fue corregida hasta superar los 22.000 millones de barriles. El petróleo y el gas rico en metano y butano son del tipo “shale” y exigen una explotación cara y difícil. Pero posible.

ImagenGas shale
Para los que dominan el negocio y desde luego la jerga, “shale” es sinónimo de hidrocarburos no convencionales, es decir encapsulados entre las vetas de la roca madre y sólo accesibles con la técnica del “fracking”,una operatoria ciertamente compleja que se realiza con equipos muy costosos de alta tecnología.

Este tipo de yacimientos –y la técnica asociada a su explotación- le permitió a los Estados Unidos alcanzar el 23% de la explotación hidrocarburífera actual y revertir la caída de producción que se daba en su territorio. Pero en Francia, por ejemplo, Nicholas Sarkozy prohibió el pasado 20 de diciembre la extracción del gas de esquisto debido a la toxicidad de los productos utilizados en la fracturación hidráulica. Nada es lineal.

En nuestro país, los técnicos de YPF asumen que el 40% de la cuenca de 30.000 kilómetros cuadrados tiene potencial productivo y ya el Director Ejecutivo de Exploración y Producción, Tomás Garcia Blanco había declarado que "Vaca Muerta es una de las mejores arcillas del mundo capaces de producir hidrocarburos. El tener este recurso en Argentina es una suerte que puede cambiar el futuro energético del país y garantizar su autoabastecimiento".

Según evaluaciones de la auditora Ryder Scott, las reservas en Vaca Muerta, en un área ya estudiada de unos 8.071 kilómetros cuadrados, ascienden a 22.807 millones de barriles, pero su potencial es mayor porque la extensión de la cuenca, como ya se ha dicho, cubre una superficie total de 30.000 kilómetros cuadrados entre Mendoza, Neuquén y Rio Negro.

En líneas generales, los expertos consultados admiten que se está frente a un yacimiento de características singulares que puede cambiar el perfil energético del país en los años por venir aunque, en forma invariable, se acota que para explotarlo se necesitan inversiones que multiplica varias veces los miles de millones de dólares que el estado argentino tuvo que desembolsar para importar combustible.

Entre 2003 y 2010 las compras totales de petróleo, gas natural, naftas y gasoil crecieron un 711% y saltaron de 548 millones de dólares a 4.443 millones, según calcularon ex secretarios de Energía de distinta orientación política.

La agencia de noticias española EFE ha divulgado que “si resultara exitosa la exploración en la extensión total de Vaca Muerta, en 10 años Argentina podría duplicar la capacidad de producción de hidrocarburos con un esfuerzo inversor no menor a los 31.500 millones de euros para la realización de casi 2.000 pozos productivos que necesitarían 60 equipos de perforación adicionales a los ya existentes.” Los recursos de Vaca Muerta equivalen a más de 500 años de reservas respecto al consumo energético actual de Argentina que con éste yacimiento se sitúa como el tercer país en la posesión de recursos de hidrocarburos no convencionales, detrás de los Estados Unidos y China. Un gran mercado, sin dudas, para las petroleras del porte de Exxon, Shell, Total o Petrobras, que ya tienen algún lugar en el colosal yacimiento. Debiera quedar en claro, entonces, que la recuperación de YPF precisa algo más que una bienvenida a casa, de la que nunca debió ser desterrada. YPF necesita afiliarse con empresas que aporten la práctica, la tecnología y el capital de los que careció la otrora asociada. Y, si de expresiones de deseo se trata, su recuperación tendría que inscribirse en un plan energético global sustentable que si brilló durante todos estos años fue por ausencia.


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