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Miércoles 23 de Octubre, 2019
Comercio exterior

Valor unitario y contenido tecnológico

Desde 2002 hasta 2005 las ventas externas crecieron 56%, saltando de 25.650 millones de dólares a 40.106 millones. El comercio exportador se ha constituido en una de las tendencias firmes de la economía que resurgió tras el colapso de la convertibilidad.

ImagenesEnrique MantillaRaúl Ochoa
El presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina, Enrique Mantilla, estima que en 2006 los despachos crecieron otro 15% redondeando 46.000 millones de dólares, mientras que en 2007 bajará algo el ritmo y la variación oscilará entre 7% y 10%, ubicándose en alrededor de 50.000 millones.

Raúl Ochoa, experto en comercio internacional de Ecosur Consultores, tiene un pronóstico parecido. Por diversos motivos estima que la curva favorable de los precios de los commodities agrícolas ha de mantenerse, a lo que hay que sumar el crecimiento de las exportaciones mineras, que compensa la caída de los despachos en el rubro de petróleo y combustibles. En este punto -destaca- hay que tener en cuenta la competencia que se ha establecido entre los alimentos y los combustibles. Así, por ejemplo, en los Estados Unidos, la demanda de maíz está impulsada por los proyectos de fabricación de etanol, lo que esta provocado el corrimiento de la frontera entre ese cereal y el trigo. En esa misma dirección la Unión Europea ha puesto en práctica un programa energético destinado a aumentar en la matriz de los combustibles la participación de los biocombustibles desde el actual 1,5% a 5,75% en 2010. Estas transformaciones gravitarán sobre la extensión de cultivos como la remolacha azucarera o la colcha y, naturalmente, sobre la demanda de países productores, la Argentina, Brasil, Tailandia y Malasia, entre otros.

De todas formas, Ochoa aclara que “hay ver que se concreta de todo esto, porque por el momento muchos de estos proyectos aún están en el papel”.

Además, advierte sobre los perjuicios que puede ocasionar un cambio de la frontera agropecuaria por el avance de la soja: “En el mundo la ganadería argentina tiene nombre propio que hay que preservar”.

Perfil agroexportador


El nuevo sesgo del cuadro de precios relativos ha colocado a la exportación en un escalón superior. En efecto, desde el cuarto trimestre de 2001 hasta igual período de 2005, a precios constantes, la exportación creció 1,4 punto porcentual por cada punto de expansión del PBI. Esto se tradujo en un cambio en la relación que media entre ambos términos de la ecuación. Así el valor colocado en los mercados externos durante 2005 resultó equivalente al 20% del PBI, el doble y algo más de la proporción existente en los años 90’.

Sin embargo este avance no significó una modificación sustancial de la composición de las exportaciones. Entre 2002 y el último año, las ventas al exterior de manufacturas de origen agropecuario aumentaron 62% y las de origen industrial, 57%, mientras que los despachos de combustibles se incrementaron 51% y los de productos primarios 50%. En este período el perfil exportador no sufrió mayores variaciones: un tercio para las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), alrededor de 30% para las Manufactura de Origen Industrial (MOI), 20% para los productos primarios y algo menos para los combustibles.

Estas proporciones, a su vez, se reflejan en el balance unitario del comercio exterior. La Argentina recibe en promedio 463 dólares por cada tonelada que coloca en el exterior y paga 1.540 dólares por cada tonelada que compra. La brecha resultante es una de las preocupaciones del Palacio de Hacienda, según lo señaló recientemente su titular, Felisa Miceli. Sin embargo este promedio encierra una marcada disparidad. De acuerdo con su reciente análisis sobre el comportamiento de las PyMES exportadoras, realizado por el Centro de Estudios para la Producción (CEP) de la Secretaría de Industria, la tonelada despachada por las grandes compañías promedia un precio de 382 dólares. Estas ventas representan el 92% del total. En cambio, la tonelada exportada por las firmas medianas oscila en 871 dólares, mientras que la de las micro y pequeñas empresas se comercializa a un valor promedio de 1.064 dólares, pero representan el 8% y el 1%, respectivamente, del total de las ventas externas.

Apuntando a estas proporciones, Maximiliano Scarlan, especialista en comercio exterior de Abeceb.com, explica que “en la composición de las exportaciones argentinas tienen mayor peso los complejos primarios como los oleaginosos, los productos de base agraria y los bienes de la petroquímica”. Indica que en el caso de la industria predominan los primeros eslabones y es creciente la presencia de las MOA. Así y todo en los últimos dos años y medio creció el componente industrial de las ventas externas, en presencia de un tipo de cambio que favoreció la inversión. Este avance se reflejó en ramas como la siderurgia, metalurgia, química, plástico, y también en las terminales automotrices y las fábricas de autopartes, sectores con proyección regional, en especial hacia el mercado brasileño. En la consultora estiman que la tendencia se mantendrá durante 2007.

Componente tecnológico de bajo rango


El hecho de que más del 90% de las exportaciones no supere los 400 dólares por tonelada, señala que, en general, los productos colocados en el exterior tienen un bajo valor tecnológico. Exactamente la mitad de los despachos de manufacturas se ubicó en el rango inferior de la escala durante 2005. De acuerdo con los informes que produce el CEP, las exportaciones de tecnología media representan el 47% y las de alta tecnología sólo el 2,5%. Sin embargo esos trabajos destacan una tendencia creciente en las colocaciones de esa franja media, cuyos envíos en 1998 representaban el 43% del total. En ese rango intermedio se ubican los productos químicos, caucho, máquinas y equipos, material eléctrico, vehículos, metales comunes y la mayor parte de las MOI, y también alimentos y tabaco, además de los destilados. A la inversa, desde fines de los 90’ los despachos de manufacturas de baja tecnología describen una curva declinante.

Brasil es el destino principal de este tipo de productos: el 80% de los envíos hacia ese mercado corresponde a bienes de tecnología media. En cambio los despachos de manufacturas de alta tecnología alcanzan su mayor porcentaje en el área de la Asociación latinoamericana de Integración (ALADI). Sin computar lo que va a Brasil, el 4,9% del total colocado en la región corresponde a esta categoría. A su vez, los de baja tecnología se dirigen hacia la Unión Europea.

En ese mercado el 81% de los bienes comercializado por los empresarios argentinos está en esa categoría.

En Abeceb.com, con distinta clasificación de los bienes industriales, detectaron que fueron las exportaciones de manufacturas de tecnología medio baja las que más se expandieron entre 2001 y 2005: 85%. En ese período las ventas externas de productos de baja tecnología crecieron 63,9%, los de tecnología medio alta, 46,9%, mientras que las de alta tecnología cayeron 4%.

Esta tendencia se prolonga durante 2006, a excepción del comportamiento del rango superior: una fuerte suba quebrará la línea declinante y respecto a 2001 arrojará una suba de 36%. De acuerdo al estudio de la consultora, el impulso en la franja medio baja provino de las colocaciones de coque, refinación de petróleo y combustible nuclear. Estos renglones representan la mitad de las exportaciones de bienes de ese nivel tecnológico.

Sin cambios a la vista


En lo inmediato no parece que esta situación vaya a experimentar cambios importantes. “El perfil de las exportaciones se mantendrá con una fuerte incidencia de los productos con base en los recursos naturales, en especial los alimentos”, considera Mantilla. El presidente de la CERA afirma que de acuerdo con la encuesta que realiza la entidad, en las ventas al exterior predominan los bienes de baja y media tecnología. “En estas franjas existe una competencia muy fuerte por parte de países con marcado crecimiento en el comercio mundial como China, entre otros”.

Para el empresario preguntar por qué no aumenta el componente tecnológico de las exportaciones, equivale a interrogarse por qué resulta más rentable exportar trigo en lugar de galletitas. Mantilla explica que incrementar el componente tecnológico implica desarrollar, entre otras, estructuras comerciales más complejas. Desde este enfoque es necesario tener resueltos dos problemas de capital importancia: financiación y capacitación de recursos humanos. “La incorporación de un mayor valor tecnológico a los bienes exportados exige un tipo de educación más compleja. Estamos hablando de procesos de larga duración. Sin embargo hay varios ejemplos de las posibilidades existentes, entre ellos la firma Biosidus en el campo de los biogenéricos, o el desarrollo de arándanos, un fruto fino del que se exportan 30 millones de dólares”. Por su parte, Ochoa explica que la matriz productiva, determinante del perfil exportador, no puede modificarse en el corto plazo. Pero advierte que “es importante la exportación de bienes que agregan valor aunque no hagan volumen.

Por ejemplo software, la industria cultural, diseño y moda, este último rubro ligado al turismo. Hay que tener en cuenta el impacto que estas ventas pueden producir sobre determinada región y sobre el nivel de empleo”. Además, destaca que también se ha producido una diversificación en los renglones de productos agrarios exportables. En este sentido menciona avances en la matriz agropecuaria, específicamente en la industria láctea. “La globalización está trayendo inversiones en esa área y también en la industria de la carne”, dice, en alusión al fallido intento de Adecoagro de adquirir la mayoría de Sancor y a las compras de frigoríficos locales por parte del grupo brasileño Friboi.

Investigación y desarrollo, materia pendiente


Desde la consultora que dirige el ex Secretario de Industria Dante Sica, Scarlan sostiene que la posibilidad de aumentar el componente tecnológico de los bienes comercializados en los mercados externos depende del flujo de inversiones y de las políticas públicas que implemente el gobierno. Al respecto apunta que según se desprende de los últimos discursos del presidente Kirchner, en un nuevo mandato de la actual administración tendrían especial importancia el mediano y largo plazo en cuestiones como el desarrollo industrial y tecnológico y la educación. “La educación constituye un capítulo especial en economías pujantes de fuerte apertura exportadora como Corea o las del sudeste asiático”. Sin embargo señala que en I+D la Argentina experimenta un notorio atraso. Mientras el país destina entre 0,5 y 0,6% del PBI a tales fines, Brasil invierte 0,9%; China, 1,4%; Suecia, 3,7% e Israel, 4%. Además, en gran parte de los países desarrollados existen metas de largo plazo para incrementar la relación I+D/PBI. “Este aumento está vinculado a una expansión macroeconómica y la apertura de la economía”. Pero a pesar de todo, “en comparación con otros países de América Latina, como Chile o Venezuela, en cuyas exportaciones tienen fuerte incidencia los productos primarios, las ventas externas argentinas tienen un mayor porcentaje tecnológico y otro tanto ocurre con los índices de desarrollo humano, aunque se hayan perdido posiciones”, señala Scarlan.

Desde ya, los avances en materia de investigación y desarrollo y el aumento de la productividad de la economía, están estrechamente ligados. Un estudio del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IEERAL) (Fundación Mediterránea), realizado por Gabriel Sánchez, vincula la baja innovación exportadora en sectores modernos con el nivel de innovación en productos y procesos y sostiene que si el país alcanzara en I+D las tasas existentes en Brasil, la industria incrementaría su porcentaje de crecimiento en dos o tres puntos anuales. En ese caso la productividad fabril aumentaría casi un tercio y desaparecerían los problemas de competitividad con la industria brasileña.

Ochoa señala que aunque es bajo el porcentaje destinado a I+D en comparación con el de otros economías emergentes, se hace un buen trabajo en ciencia y técnica y subraya que hay provincias como Santa Fe y Mendoza, interesadas en incorporar innovaciones tecnológicas a su producción. Además, recuerda que existen incentivos tanto a nivel nacional como local, que se traducen, por ejemplo, en mejoras en materia de infraestructura. Pero en todo esto hay un problema sin resolver: la necesaria articulación entre la empresa privada y el sector público. Por lo demás, “en este rubro el gasto del sector privado es bajo y falta una adecuada política fiscal, por ejemplo en materia de deducciones impositivas a inversiones en I+D o incentivos para el patentamiento de innovaciones”, explica.

¿Existen trabas a la exportación de bienes con mayor grado de diversificación e innovación tecnológica”. A juicio del especialista los obstáculos consisten más bien en el desconocimiento de las herramientas existentes por parte del sector privado. Además, “el Estado gasta, pero a veces mal por no coordinar esfuerzos”. En Abeceb.com apuntan a la ausencia de una estrategia de inserción internacional, “o al menos de una estrategia sostenida a través del tiempo”.

Señalan al respecto que a contramano de lo que ocurre con la corriente dominante en el comercio mundial, durante el siglo pasado el país perdió participación en los mercados de productos industriales mientras mantenía sin cambios su perfil agroexportador.

No se trata de una tendencia uniforme, el perfil exportador tiene que ver también con la gravitación y el tipo de demanda de los distintos mercados. Por ejemplo, durante 2005 los mercados latinoamericanos recibieron el 40% de los despachos que salieron por las aduanas argentinas, pero en el caso de las manufacturas esa proporción aumentó a 65%. Petroquímica y química, automóviles y energía encuentran en esos horizontes su principal área de expansión. En esas plazas se comercializa el 75% de las exportaciones argentinas de contenido tecnológico medio y alto.

Las estadísticas del INDEC confirman, de otro modo, esta comprobación. En los primeros diez meses de 2006 el Mercosur recibió el 20,7% del total de las exportaciones realizadas por el país, pero en el rubro de manufacturas de origen industrial la proporción subió a 38,2%. Otro tanto ocurrió con el resto de los países que conforman la ALADI: en esa dirección se despachó el 15,5% del total exportado y el 20,1% de los productos fabriles. Relaciones que marcan la importancia del comercio interregional dentro una perspectiva que contemple rangos crecientes de innovación y diversificación de los productos, así como mejoras en la composición tecnológica y en valor agregado.

Osvaldo Calello

(Estadísticas en archivo adjunto)

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